lunes, 23 de noviembre de 2015

TERRORISTAS

"Terroristas", por Luz Sánchez-Mellado. El País. 19 de noviembre de 2015.
Se levantan ya con la escopeta cargada. Empalmadísimos por haberse acostado con ellos mismos. Se duchan con el agua a la temperatura justa para bajarse los humos, pero solo lo imprescindible para poder embutírselos en la taleguilla. Se afeitan los cañones que les brotan erectos como tallos de narcisos porque, para machos, y narcisistas, ellos. Se calzan los pantalones que presumen de llevar en casa. Se colocan el paquete en la primera de las muchas veces que se lo reacomodarán al cabo del día, y salen afuera creyendo que huelen a lo que suponen que convierte a las mujeres en hembras en celo. Están ahí, y no los vemos.
Saludan al portero, requiebran a las señoras, ayudan a los ancianos, acarician a los niños, organizan la cena de Navidad de la empresa y son los primeros en pedir, y pagar, otra de cañas, Manolo. El alma del bloque, de la urba, del curro, son muchos de ellos. Tíos con lo que hay que tener. Líderes natos. La alegría de sus huertas, en fin, y no las siesas de sus mujeres, siempre con la cara de palo, los ojos hundidos, caminando un cuartito de paso por detrás de su amo, las muy mal folladas. Las tenemos delante, y no las miramos.
Lo que no sabe nadie, y si lo sabemos nos lo callamos, es que algunos de esos machotes son terroristas, y no siempre suicidas. Terror es que quien más quieres te hiera en lo más hondo. Terror es saber que en casa hay una bomba en el aire y que explotará y que habrá víctimas. Terror es que te digan que no sirves para nada, que estás loca, que das pena, que tú sabrás lo que has hecho para estar tan contenta, o tan triste, o tan callada, o tan habladora. Tan viva, en definitiva. Son los terroristas machistas. Los que maltratan y matan a sus mujeres o a quienes lo fueron por la infinita soberbia de creerse sus dueños y la pena que se dan a sí mismos. Andan sueltos. Son peligrosos. Hieren. Torturan. Matan. Van ocho muertas en noviembre. Y suma y sigue.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Bss

"Bss", por Luz Sánchez-Mellado. EL PAÍS.
Jesús estaría contento. Cada vez nos amamos más los unos a los otros. Por lo menos, nos damos más besos que nunca. Nos comemos a ósculos. Sobre todo entre desconocidos. Así, porque sí. Por puro amor al prójimo. Puede una pasarse semanas no ya sin besar, sino sin intercambiar palabra con su pareja, sus padres, sus hijos y sus amigos más íntimos. Ahora, a poco que esté en el mundo, habrá enviado y recibido besuqueos varios de medio planeta al cabo del día. El beso es el nuevo negro de las relaciones personales, que dirían las revistas femeninas. Un comodín de las normas de cortesía. Un básico que queda bien con todo y no compromete a nada. Nos despedimos con besos de los jefes en los correos de empresa. Mandamos besitos a diestro y siniestro en los grupos de WhatsApp donde nos meten los entusiastas de turno. Y le endosamos un besazo al primero que nos ríe las gracias en Twitter: amor con amor se paga.
Luego, nos cruzamos en el ascensor besadores y besados y nos hacemos los suecos de Gotemburgo, que una cosa es besarse de boquilla y otra mirarse a los ojos, ese exceso de confianza. Dicen de los adolescentes, pero los adultos también necesitamos que nos aplaudan, que nos quieran, que nos besen, aunque sea con el beso de Judas. Por eso contamos los “favoritos” y los “me gusta” y los emoticonos de corazoncitos como si fueran las huellas de nuestro paso en la tierra. Y en esas se nos va pasando el arroz. Y la pasta. Y la vida.
La otra noche, escuché de pasada a mi hija de 14 años rebuznarle al micrófono del móvil y partirse de risa al recibir como respuesta un bramido de su penúltima mejor amiga. Menudo pavo salvaje, pensé, instalada en la cima de mi condescendencia. Pero para pavazo, el nuestro. Había en ese rebuzno y ese bramido más alma, más corazón y más vida que en todos los besos, besitos y besazos que había enviado y recibido yo en esa semana. Ahí lo dejo. Bss.

domingo, 1 de noviembre de 2015

BOLLOS

"Bollos", por Almudena Grandes. EL PAÍS.
Desconfíen de las apariencias, porque no es un fenómeno nuevo. A lo largo de la historia ha sucedido muchas veces, y siempre de manera semejante. Nuestra sociedad está absorta en sus propios, pequeños problemas, ni más ni menos que otras sociedades ricas, decadentes. El Parlamento catalán pretende declarar la independencia. Se multiplican las zancadillas, los besos de Judas, las sonrisas de plástico que anticipan el clima de la campaña electoral. Los líderes políticos están absortos en las cifras del paro y las encuestas, en el color de la camisa que mejor les sienta y el dilema de presentarse o no con corbata. Sus electores se ponen a dieta, se apuntan al gimnasio, deciden dejar de fumar o se hacen militantes de la carne roja. Son inocentes de sus decisiones, porque desde sus casas aún no se escucha el clamor, el llanto y los gritos que estremecen al sur, que estallan en el este. Cuentan que María Antonieta preguntó por qué gritaba la plebe el día que el estruendo atravesó al fin los muros de Versalles. Piden pan, majestad, le respondieron. ¿No tienen pan?, pues que coman bollos... Y siguieron su consejo. Las masas hambrientas arrasaron su palacio, vaciaron su despensa, se comieron sus bollos y la llevaron al cadalso. Así fue y así será, porque son muchos, y son humanos, y tienen mucha hambre, muchos hijos, nada que perder. Antes o después entrarán por la fuerza, miles, decenas, centenares de miles, millones por el sur y por el este. Ninguna frontera ha frenado nunca ni podrá frenar la desesperación. Y a partir de entonces, nada tendrá importancia, ni la independencia de Cataluña, ni las grandes coaliciones, ni el cambio, ni el recambio, ni el requetecambio, nada en absoluto. Sigan ustedes mirándose el ombligo.

jueves, 29 de octubre de 2015

CERDOS Y ZORRAS


“Cerdos y zorras”, por Luz Sánchez Mellado. EL PAÍS. 29 de octubre de 2016.

Qué prieta vienes hoy, qué buena te estás poniendo, que no me entere yo de que ese culito pasa hambre. Cualquier mujer que haya trabajado con una muestra representativa de hombres ha recibido u oído recibir a otras parecidas perlas de galantería masculina de boca de algún colega y/o jefe en algún momento. Ayer mismo, sin ir más lejos. Oficinas y fábricas, por muy de inteligentes que se las den últimamente, no son un mundo aparte limpio de polvo y paja. Son la misma jungla de relaciones que la calle y la casa, solo que sus moradores están obligados a permanecer en ella las horas reglamentarias y a acatar la autoridad de la especie dominante si desea conservar el trabajo, o sea la bolsa, o sea la vida. Ocurre, todavía, que la mayoría de sujetos alfa de la selva son machos. Y que aún demasiados, aunque solo sea uno, creen que todo monte de Venus es orégano a su disposición absoluta.

Las mujeres aprendemos desde niñas a espantar moscones, driblar babosos y torear cerdos. Eso, aunque no debiera, entra en las reglas del juego, y jugamos cuando nos da la gana. Si nos ponemos igualitarias, nosotras también decimos lo bueno que está el becario, lo mazas que se está poniendo el gerente y el polvazo que tiene el segurata. También ponemos a parir trillizos a la calientabraguetas que va por los despachos pechuga en bandeja. También actuamos según cómo y con quién, solo faltaba. Pero, personalmente, veo claras las líneas rojas. No tengo un abusómetro, pero sí estómago, sentido común y vergüenza. Ayer mismo una presentadora mexicana abandonó un plató porque un baboso la manoseó en directo pese a sus protestas. El cerdo la disculpó ante la audiencia diciendo que su colega debía de estar “hormonal”, o sea menstruando, o sea viva, para tomarse en serio la broma. Maldita la gracia que tiene una lacra que solo acabará cuando ellos, todos ellos, entiendan que “no” significa no. Que no. Ni de coña.

jueves, 22 de octubre de 2015

TEXTOS PERIODÍSTICOS


“Juguemos”, por Elvira Lindo. EL PAÍS. (12/01/2011)

 

Jugar en la calle. Jugar en grupo. Esa es la actividad extraescolar que un grupo de educadores y psicólogos americanos han señalado como la asignatura pendiente en la educación actual de un niño. Parecería simple remediarlo. No lo es. La calle ya no es un sitio seguro en casi ninguna gran ciudad. La media que un niño americano pasa ante las numerosas pantallas que la vida le ofrece es hoy de siete horas y media. La de los niños españoles estaba en tres. Cualquiera de las dos cifras es una barbaridad. Cuando los expertos hablan de juego no se refieren a un juego de ordenador o una playstation ni tampoco al juego organizado por los padres, que en ocasiones se ven forzados a remediar la ausencia de otros niños. El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces para sobrevivir. Esto no significa que el ordenador sea una presencia nociva en sus vidas. Al contrario, es una insustituible herramienta de trabajo, pero en cuanto a ocio se refiere, el juego a la antigua sigue siendo el gran educador social.

Leía ayer a Rodríguez Ibarra hablar de esa gente que teme a los ordenadores y relacionaba ese miedo con los derechos de propiedad intelectual. No comprendí muy bien la relación, porque es precisamente entre los trabajadores de la cultura (el técnico de sonido, el músico, el montador, el diseñador o el escritor) donde el ordenador se ha convertido en un instrumento fundamental. Pero conviene no convertir a las máquinas en objetos sagrados y, de momento, no hay nada comparable en la vida de un niño a un partidillo de fútbol en la calle, a las casitas o al churro-media-manga. Y esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales.

 

 

“A la maestra”, por Elvira Lindo. 14 de octubre de 2015.

El lenguaje se infecta. Lo infectan a menudo los políticos y lo infectamos quienes hablamos o escribimos en los medios. Nuestro vicio por una jerga que encubre a menudo un rechazo por la claridad acaba trufando el lenguaje común. Como resultado, a veces hablamos de asuntos cotidianos como si estuviéramos en una tertulia televisiva o haciendo declaraciones en el telediario. En una esquina del periódico, no tan a la vista como a mi juicio debiera estar, me encuentro con que en Granada una madre ha agredido a la maestra de su niña porque las normas del centro no permitían la impuntualidad para una jornada musical. La madre, fuera de sí, agarró del pelo a la maestra, la pateó y la insultó. Todo esto delante de la cría. Dios nos libre de madres que nos quieran tanto. La maestra acabó en el hospital: las magulladuras se curan antes que los sustos y que el trauma que provoca una agresión.

Leo que la directora del centro ha declarado que a la paz se llega con el diálogo, y que la Consejera de Educación se solidariza con su caso y rechaza cualquier tipo de violencia. Supongo que estas expresiones provienen de cuando los telediarios abrían con los políticos condenando un atentado, pero francamente esas palabras suenan poco convincentes si se trata de hablar de algo ocurrido en una escuela. Todo es más simple: el profesorado es la autoridad que los padres deben reconocer. En casa nuestra madre solía decirnos: “A la maestra se la trata con respeto”. Por lo que se ve urge abrir una escuela de padres y madres para que aprendan a comportarse. Primera lección: a la maestra no se la pega (permítanme el laísmo).

jueves, 1 de octubre de 2015

MÁS TEXTOS PERIODÍSTICOS


“Menos cerebro, más alma”

Isaac Rosa. Público.

Aparte de un país empobrecido y desigual, la crisis nos está convirtiendo en un país descerebrado: la “fuga de cerebros” va en aumento, para desgracia de nuestro futuro. Ya saben de qué hablo: la marcha de miles de investigadores a otros países, una emigración científica que irá a más en los próximos tiempos, a la vista de los recortes que ya afectan a todo tipo de instituciones y programas, y a la espera del tiro de gracia en los presupuestos generales.

La fuga llega tras unos años en que presumíamos de que por fin, tras una larga historia de atraso científico, nos subíamos al tren de la investigación, con nuevas promociones de estudiantes que no iban a pensar eso de que “investigar en España es llorar”, y sobre todo con el regreso a casa de unos cuantos cerebros ilustres que habían hecho su carrera allende, y a los que el gobierno español ponía alfombra roja y los recursos necesarios para que, en expresión de un ministro optimista, emulásemos en el terreno científico los éxitos de nuestros deportistas.

Pero está visto que la ciencia aquí es un lujo que sólo podemos permitirnos cuando nos sobra el dinero y no sabemos ya en qué gastarlo, en vez de un suelo firme sobre el que levantar ese nuevo modelo económico del que tanto hablan los gobernantes, tan amigos de pronunciar esas siglas mágicas, I+D.

Leo una noticia sobre la fuga de cerebros que comparte página con otra sobre  la recaudación de la Iglesia Católica en el IRPF. El contraste es inevitable: mientras en cerebro flaqueamos, el alma está fuerte como un roble. El alma católica, se entiende, pues aparte de la engañosa casilla del IRPF (que los científicos proponen copiar, a ver si los contribuyentes están por el cerebro tanto como por el alma), la iglesia es una de las pocas instituciones, si no la única, que se salva de los recortes. Mientras para la ciencia no hay dinero, los obispos siguen recibiendo lo suyo (que es lo nuestro), vía impuestos, programas, ayudas, conciertos y las generosas exenciones fiscales de que siguen gozando.

Lo dicho: seremos un país sin cerebro, pero a alma no nos gana nadie.

 

 

“La profecía de la emigración planetaria”, por Jesús Mota. EL PAÍS. 30 de septiembre de 2015.

Stephen Hawking pronunció en este periódico una frase sencilla, evidente y aterradora: “La supervivencia de la raza humana dependerá de su capacidad para encontrar nuevos hogares en otros lugares del universo, pues el riesgo de que un desastre destruya la Tierra es cada vez mayor”. Es evidente porque el planeta tiene una capacidad limitada de recursos (alimentos, energía) y no está claro que la rentabilidad tecnológica vaya a progresar con más velocidad que la lógica malthusiana. El economista Kenneth Boulding acuñó el término “nave espacial Tierra” para explicar el carácter restringido del recinto en el que vive la especie. Es sencilla porque expone al mismo tiempo el problema y la solución —el universo es una fuente inagotable de energía, metales y minerales, como saben los astrofísicos y los aficionados a la ciencia ficción—; y es aterradora porque sitúa a los habitantes del planeta ante el vértigo de un destino lejano, pero inapelable.

En Interstellar, la última y ninguneada película de Christopher Nolan, aparecía esta idea resumida desde el póster: “La humanidad nació en la Tierra, pero no está destinada a morir en ella”. El mensaje, similar al de Hawking, estaba hilvanado con un argumento verosímil: la población mundial languidece en una lenta extinción, asfixiada por gigantescas tormentas de polvo y una maligna degradación de la producción agrícola. La solución está en migrar a otros planetas similares y lejanos. La ideología del filme, no obstante, es esquinada y peligrosa. Al declarar que la esencia de la naturaleza humana es conquistadora y expansiva, Interstellar exime al hombre, por mor del imperativo biológico, de su responsabilidad con el planeta y dibuja un futuro depredador: habitar un planeta, explotarlo hasta la extenuación y ocupar el siguiente.

Un grupo de físicos, astrofísicos y literatos especuló, ya desde mediados de los sesenta, con la idea del universo como un espacio que puede ser colonizado y explotado. Carl Sagan, Fred Hoyle, Freeman Dyson y Arthur C. Clarke aplicaron su fértil imaginación (The Sentinel, matriz de 2001, A Space Odissey, nació de una de esas tormentas de ideas) para diseñar una economía interplanetaria en la que es posible generar atmósfera en Marte para que sea habitable, terraformar mediante ingeniería planetas y planetoides o explotar los recursos del sistema solar. La tecnología nos hará mercaderes del espacio.

Hawking hoy, como antes Sagan o Clarke, columbran un futuro muy lejano, pero para ellos ineluctable y despiadado. Ahora bien, a corto plazo la explotación del espacio inmediato es inalcanzable para la economía global. No hay cálculos exactos, pero un flujo rentable de viajes espaciales requiere aumentos del PIB mundial superiores al menos en un 20% al actual; convertir ese flujo en intercambio económico exigiría una acumulación de capital muy superior a ese 20% añadido. La guerra de las galaxias será un conflicto de recalificación de terrenos en Marte, de buscadores de metales contra colonias agrícolas en Io o de paneles solares frente a extracción de gas en Mercurio; o sea, de acumulación y rentabilidad del capital. No sabemos otra cosa.

 

“Demasiado humo”, EL PAÍS. 30 de septiembre de 2015.

Seat reconoció ayer que ha montado unos 700.000 motores de Volkswagen en sus coches con el programa que hace trampas al pasar los controles de emisiones contaminantes. Es un primer paso, pero ni la filial española ni el grupo han aclarado hasta ahora cuáles son los modelos afectados, en qué año se vendieron y en qué mercados. No se sabe aún, por tanto, la dimensión del problema por países ni, en consecuencia, cuántos coches se vendieron aquí con los motores fraudulentos.

Pese a que Volkswagen sabía desde hace tiempo que este asunto le iba a estallar en las manos, no parece haber hecho los deberes en lo que a transparencia se refiere. Y la transparencia es el primer paso para recuperar una credibilidad muy dañada por un escándalo de enormes proporciones, que afecta además de forma indirecta a la salud pública. Además, la compañía debe ofrecer cuanto antes una respuesta a los clientes engañados.

Las autoridades españolas tuvieron una reacción inicial de comprensión en la que solo parecía expresarse preocupación por las inversiones prometidas. En segunda instancia, han manifestado su inquietud por los conductores/consumidores y por las ayudas públicas prestadas bajo parámetros que ahora se demuestran falaces. Toca exigir toda la información a la empresa e iniciar las investigaciones que sean necesarias para aclarar cómo el fraude también alcanzó grandes dimensiones en España sin que saltara ninguna alarma.

 

“Piglia”, de Leila Guerriero. 30 de septiembre de 2015.

Eran años feroces, como siempre son cuando uno quiere escribir y es muy joven. Mi padre me llevó a una feria de libros usados, compró uno, me lo dio. Leí: “Nunca más deberás tomar en serio las cosas que no dependen sólo de ti. Como el amor, la amistad y la gloria”. Leí: “Haber escrito algo que te deja como un fusil disparado, aún sacudido y humeante, vaciado por entero de ti”. Era el diario de Cesare Pavese y, después de leerlo, nada fue igual. No porque el libro haya solucionado algo —era el libro de un suicida— sino porque me hizo entender cosas —de mí, de la escritura: de los peligros que anidaban— que yo, que vivía incautamente entregada a las mandíbulas de ese animal salvaje que éramos la vocación y yo, no había entendido.

Conocí a Ricardo Piglia hace algunos años. Una vez coincidí con él en México, donde perdimos un avión. Era lunes. Durante todo ese día, en medio de paseos bizarros, Piglia me dijo cosas. Sobre la vida, sobre la escritura: cosas. Después de eso, nada fue igual. Hay días así, y uno los atesora como si guardara un rayo dentro de un cofre. Ahora leo un libro portentoso: Los diarios de Emilio Renzi (Anagrama), que son los diarios de Ricardo Piglia. Leo: “Nunca pasa nada. ¿Y qué podría pasar? Es como si hubiera estado todo el mes de julio bajo el agua. Sentado en el patio frente a una mesita baja, el sentimiento de siempre: las grandes luchas por venir (...) Mantengo en secreto por ahora mi decisión de convertirme en un escritor”. Leo: “Lo difícil no es perder algo, sino elegir el momento de la pérdida”. Voy y vengo por la ciudad con el diario de Piglia bajo el brazo como quien se aferra a una gota de luz detrás de un vidrio oscuro.

Ayer me llamaron de una radio, me preguntaron para qué sirven los libros. Debo haber respondido alguna estupidez. Lo que debí haber dicho es que los libros sirven para una sola cosa: para salvarnos la vida.


 

 

 

LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE


LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE

Las funciones del lenguaje podrían definirse como los diversos propósitos que un emisor persigue al emitir un enunciado.

   Las funciones son las siguientes:

   LA FUNCIÓN REFERENCIAL

   Aparece en aquellos enunciados donde se da una información objetiva, por tanto, suele aparecer en textos científicos; en los textos argumentativos está presente en la parte de datos (la parte expositiva). Se nota en el uso de oraciones enunciativas, en el uso del indicativo, en la tercera persona de los verbos.

   LA FUNCIÓN EXPRESIVA

   Predomina en aquellos enunciados (oraciones, frases) en los que el emisor manifiesta su mundo interior, es decir, su subjetividad, cuando transmite su opinión, sus deseos, sus sentimientos o emociones.

   Se aprecia en el uso de las exclamaciones, en los enunciados dubitativos, en el uso de la primera persona de los verbos, en adjetivos valorativos (“ situación lamentable”, “ día fabuloso”), y en otros aspectos que iremos viendo a lo largo del curso.

   LA FUNCIÓN APELATIVA

   Aparece en los enunciados en los que el emisor intenta influir o provocar una respuesta en el receptor.

   Se aprecia en enunciados exhortativos (“Por favor, páseme una barra de pan”). En enunciados interrogativos (“¿Cuántos años tienes?”). En los vocativos, es decir, cuando aparece el nombre del receptor (“Juan, ven deprisa”).

   LA FUNCIÓN METALINGÜÍSTICA

   Aparece en aquellos enunciados o textos sea el propio código usado, por ejemplo: “La palabra TELÉFONO es esdrújula”.

   LA FUNCIÓN FÁTICA

   Aparece en aquellos enunciados que pretenden establecer, prolongar o interrumpir LA COMUNICACIÓN, o comprobar que se lleva a cabo de manera satisfactoria.

  LA FUNCIÓN POÉTICA

   Aparece en aquellos enunciados que pretenden llamar la atención sobre el propio lenguaje, es decir, es un uso especial del lenguaje. Tiene que ver, por supuesto, con los recursos estilísticos.

  

  

domingo, 27 de septiembre de 2015

LAS REVOLUCIONES SE GANAN EN LA CALLE


Las revoluciones se ganan en la calle

 

Preguntaba ayer un periódico en una encuesta a los lectores de su edición digital si

creían que Internet y las redes sociales han jugado un papel fundamental en las

revueltas de Túnez y Egipto. Un 87% respondía afirmativamente. Y no me extraña,

pues todas las informaciones y análisis insisten en la importancia de estas formas

de comunicación a la hora de explicar los estallidos populares.

Ahora bien: me gustaría saber qué responderían los egipcios a esa misma

encuesta, si ellos consideran fundamental Facebook o Twitter para echar a

Mubarak. No qué responderían los egipcios que tienen acceso a Internet (menos del

20% de la población), sino los cientos de miles que se la están jugando en las calle

estos días.

Lo de la ciberrevolución es ya en un tópico de nuestro tiempo, pero dudo que lo de

Egipto se explique en esa clave. La decisión del gobierno de Mubarak de cortar

Internet no me parece, como pretenden algunos, una prueba de su importancia –

también cortó las carreteras, y nadie habla de revolución automovilística-, sino más

bien una muestra de la vulnerabilidad de estas formas de comunicación, que

pueden ser apagadas por quien controla los operadores.

De hecho, el bloqueo de Internet ha devuelto el protagonismo al teléfono de toda la

vida y hasta al vetusto fax para comunicar con el exterior. Los propios Google y

Twitter han habilitado un servicio que funciona mediante una convencional llamada

de teléfono. Y días atrás la oposición distribuía octavillas recomendando no usar las

redes sociales para convocar, por ser fácilmente vigilables y manipulables por las

autoridades, lo que demuestra una vez más que, cuando más libres nos

sentimoson-line, más controlados estamos.

No dudo que Internet ayuda, facilita las comunicaciones y rompe bloqueos

informativos. Pero lo que estamos comprobando estos días es lo contrario: que las

revoluciones se siguen ganando en la calle, en manifestaciones, y con muertos

nada virtuales (147 en Túnez, tal vez más en Egipto). Una lección para nosotros,

que confiamos en que todo cambiará con un clic, y de salir a la calle nos olvidamos.

Isaac RosA

"EL RAYO QUE NO CESA", comentario


El rayo que no cesa” es un editorial del periódico EL PAÍS, por tanto, nos encontramos ante una tipología textual expositiva-argumentativa.



Respecto a los elementos de la comunicación, el emisor, al tratarse de un editorial, es el propio periódico. Los receptores son los propios lectores de El País. El código usado es la lengua castellana, en un registro estándar. El canal es el medio impreso y visual.



La función referencial está presente puesto que es aquella que hace mención de un tema, en este caso, de actualidad, como es la violencia de género. En cuanto a la función poética (uso especial del lenguaje para provocar un efecto en el receptor) destacamos la metáfora del título que hace referencia a la violencia de género, que, desgraciadamente, no deja de ser noticia. Otra metáfora (“diques de contención”) remite a la idea de las medidas necesarias para evitar el continuo maltrato a las mujeres. En el caso de la función expresiva (aquella con la que el emisor habla de sí mismo), nos encontramos, al tratarse como dijimos de un editorial, ante un caso especial de emisor, pues se trata del propio diario. La función apelativa está presente en toda argumentación: esta tipología textual persigue que el receptor cambie de opinión respecto al tema tratado.



El tema, como dijimos antes, es la violencia de género. EL PAÍS piensa que para combatir esta lacra social sería necesario mejorar las relaciones entre las distintas instituciones y restablecer los presupuestos, consensuar un plan de actuación, general nuevos modelos de masculinidad y feminidad y, por último, procurar la prevención precoz.



(Poner resumen).



El rayo que no cesa” presenta una estructura paralela, pues la tesis se encuentra a lo largo de todo el texto. Podemos estructurar el texto en tres partes. La primera parte ocupa el primer párrafo, en ella EL PAÍS nos presenta el tema y ofrece datos a partir de los cuales se reflexiona. El segundo párrafo (la siguiente parte) presenta una de las ideas claves del texto: es necesario mejorar la coordinación de las distintas instituciones sociales. El tercer párrafo, dos partes más, ofrece dos ideas claves (la idea de la prevención precoz y la restitución de los presupuestos para combatir esta lacra social).



Algunos sinónimos, dentro ya del plano léxico-semántico, que encontramos son los siguientes: “catorce mujeres muertas”- “víctimas” y “campo de actuación” y “ámbito”. Otro mecanismo de cohesión, junto a los sinónimos, es la antonimia (“violencia machista” y “Gobierno” y esta con “fuerzas políticas”). Por otro lado, un caso de hiperonimia pueden ser “instituciones” cuyos hipónimos son “fuerzas de seguridad” y “juzgados” y “servicios sociales”. Estos fenómenos, como dijimos antes, señalan la cohesión textual.


Dentro del plano textual, destacamos el marcador “pero” que indica contraste, en este caso que nos ocupa, anuncia una segunda medida, la de la prevención precoz, frente a la medida primera, la coordinación entre las distintas instituciones. Otros marcadores son los siguientes: de ordenación “en primer lugar”; de adición “además” y “en cualquier caso” que sirve para concluir lo anteriormente dicho.



(Opinión personal).











¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA APROBAR LA MATERIA DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA DE TERCERO DE LA ESO?


¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA APROBAR LA MATERIA DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA DE TERCERO DE LA ESO?

 

1

Debo leerme bien los apuntes de Lengua de 3º (pendientes) que compraré en portería.

2

Una vez leídos estos apuntes, tengo que  hacer un examen tipo test. Es decir, debo INVENTARME DIEZ PREGUNTAS EXTRAÍDAS DE LOS APUNTES CON CUATRO OPCIONES, UNA SOLA DE LAS CUALES ES LA CORRECTA. (NO ES NECESARIO QUE MARQUES LA CORRECTA).

(Por ejemplo:

1.- El Lazarillo de Tormes es una novela cuyo autor es…

a)Garcilaso de la Vega.

b)Miguel de Cervantes.

c)No se conoce el autor, es anónimo.

d)Don Juan Manuel.)

 

Este examen lo entregaré al profesor de Lengua el día 28 de enero de 2016.

3

Por último, debo superar un examen tipo test, que el profesor formará a partir de las diez preguntas entregadas, junto a otras de mis compañeros que también se presentarán al examen. Este examen será el día 25 febrero de 2016.

4

Si no supero este examen me debo presentar a un examen final en mayo. Le preguntaré al profesor, a su debido tiempo,  qué día se realizará ese examen.

jueves, 24 de septiembre de 2015

LECTURAS OPCIONALES CUARTO DE LA ESO


LECTURAS OPCIONALES

PRIMERA TANDA
(Autor y obra)

ALBERT ESPINOSA: Brújulas que buscan sonrisas perdidas, Si tú me dices ven lo dejo todo pero dime ven, Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo.

PABLO GUTIÉRREZ: Nada es crucial.

HERMAN MELVILLE: Bartleby, el escribiente

AMOS OZ: La bicicleta de Sumji

BANANA YOSHIMOTO: Kitchen, Tsugumi, Sueño profundo

ANDREA CAMILLERI: La paciencia de la araña, Las ovejas y el pastor

MIGUEL DE UNAMUNO: Niebla

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN: El fin de los buenos tiempos

NICCOLÒ AMMANITI: No tengo miedo

MANUEL RIVAS: El lápiz del carpintero

ALBERTO MÉNDEZ: Los girasoles ciegos

MERCEDES PINTO: Él

MIGUEL DELIBES: El camino.

DYLAN THOMAS: En casa de abuelo.

JOSÉ LUIS SAMPEDRO: La sonrisa etrusca

ANA MARÍA MATUTE: Los soldados no lloran de noche, Fiesta al Noroeste

EDUARDO MENDOZA: El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas

CAMILO JOSÉ CELA, La familia de Pascual Duarte

BARICCO: Seda

HERMANN HESSE: Bajo las ruedas, Siddhartha

ARTHUR CONAN DOYLE: El sabueso de los Barskerville

JOSÉ SARAMAGO: Caín, Ensayo sobre la ceguera

ALESSANDRO D´AVENIA: Blanca como la nieve, roja como la sangre

JUAN JESÚS PÉREZ GARCÍA: Sándalo y rapsodia
 

SEGUNDA TANDA
(Obra y autor)
Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza.

El guardián entre el centeno, de Salinger.

Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian.

Los vivos y los muertos, de Edmundo Paz Soldán

Historias del Kronen, de José Ángel Mañas.

Matando dinosaurios con tirachinas, de Pedro Maestre.

Los libros errantes, de Felipe Benítez Reyes.

El viejo y el mar, de Hemingway.

¡Buenos días, princesa!, (serie de Blue Jeans).

Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.

La perla, de John Steinbeck.