sábado, 19 de noviembre de 2016

"Viejas", por Luz Sánchez-Mellado.


Ficha 6. PRIMERO DE BACHILLERATO.

CL, AA, SIEE, CEC.

“Viejas”, por Luz Sánchez-Mellado. EL PAIS.

Ya son ganas de aguarnos la fiesta. Rosa, una vieja de 81 años de Reus, Tarragona, España, UE, ha tenido el mal gusto de romperse la crisma huyendo de un incendio doméstico y nos ha amargado el Black Friday con esa muerte tan de Dickens en plena era Zuckerberg. El fuego lo produjo una de las velas con que Rosa se alumbraba desde que Gas Natural le cortara la luz sin que a nadie en ningún despacho se le cayera la jeta de vergüenza. Y el caso es que, mientras el ayuntamiento y la eléctrica se arrojan su cadáver a ver quién hizo menos, Rosa ha puesto un elefante sobre nuestras mesas.

Millón y medio de mujeres mayores de 65 años viven solas. Nos gusta pensar que su soledad es elegida, confortable, digital, realizadísima. Nos privan esas viejas joviales, guapas y modernas de los anuncios de pegamentos dentales, lubricantes vaginales y compresas de incontinencia. Haberlas, haylas. Pero me da que, por ahora, hay más viejas de las que estiran al límite una pensión de supervivencia, bajan hoy a comprar un cuarto de pollo y una pera para de paso pegar la hebra con el pollero y el frutero, y piden hora con el médico solo por tener una excusa para salir mañana. Viejas viudas hace lustros que pasan el día entre pucheros y cabezadas viendo a las Ana Rosas y a los Jorge Javieres en bucle. Viejas que llegaron demasiado pronto a todas las revoluciones: la educativa, la laboral, la sexual, la tecnológica. Viejas con voluntad de hierro y manos comiditas de callos de tanto guisar patatas, limpiar mocos y tapar huecos para al final verse sin más amparo que su presencia de ánimo. Está en cartel Que Dios nos perdone, una película que mete la cámara hasta la cocina de algunas de ellas en un Madrid inmisericorde que podría ser Reus. Frente al cuento del anuncio de la Lotería, con esa acompañadísima yaya Carmina, hay unas cuantas yayas Rosas solas ahí fuera. Todas sienten y padecen. Y nos acusan.



1.- Tema. Tesis.

2.- Ejercicios 17, 18, 19, 21, 23, 24, 25, 26, 28, 29, 30. (Gramática textual. Adjetivos y adverbios). De la página 67.

2.- Ejercicios 11, 12, 13, 14, 15, 18, 19, 20, 21, 22. (Verbos y perífrasis verbales). De la página 75.

3.- Toda la página 77, incluyendo la TAREA FINAL. (Comentario de texto).

4.- Literatura: Página 173. (EL Conde Lucanor).

5.- Literatura: Páginas 179 y 181. (La Celestina).




"Malditas princesas", por Cecilia Jan. EL PAIS.

¿No tenéis la impresión de que toda la infancia de esta generación está tematizada? Me refiero a que todo, desde juguetes a ropa, pasando por mochilas, toallas y cualquier otro objeto que pueda usar un niño o niña, tiene estampados a una serie de personajes de los que es imposible huir. Aunque ni siquiera hayan visto la serie o película de turno.
Hay una edad en la que todo es Mickey, Peppa y, desde hace un par de años, la Patrulla Canina. Después llegan Hello Kitty, los ponys demenciales, las princesas Disney, los superhéroes y los Minions. Y luego, Soy Luna (antes Violetta) y el universo Star Wars, antes de que dejen de lado todo lo que les parezca infantil y se vistan de góticos y se hagan piercings a escondidas.
Aparte de que nos saquen los cuartos y de que se acaba imponiendo una uniformidad que hace que te encuentres a Elsa y Anna tanto en El Corte Inglés como en el Primark como en el bazar de la esquina, el problema que le veo a esta eclosión del merchandising es que acentúa aún más los roles de género que asumen los niños en cuanto pisan la guardería. Porque hay personajes de niños y personajes de niñas. Da igual que en casa tengas coches y muñecas indistintamente, que machaques con que no hay juguetes ni colores de niños ni de niñas sino que cada uno puede usar lo que quiera.
Ya he contado alguna vez cómo mi hijo mayor ha sido objeto de escarnio desde pequeño porque quería pintarse las uñas de colores, al igual que sus hermanas. Ahora le ha tocado el turno a la pequeña. A sus cinco años, le gustan las princesas y el maquillaje, pero también, no me preguntéis por qué porque nunca hemos visto ningún dibujo del personaje, el increíble Hulk. Pero cuando llegó este curso a su cole nuevo con su vaso de Hulk, volvió triste porque algunas niñas se habían reído de ella. Lo mismo que le pasó otro día que llevó su camiseta de Tortugas Ninja.
Con esa capacidad de adaptación de los niños, ha entendido que eso son personajes "de chicos". Así que para no volver a sufrir burla, el día que le tocó ser ayudante de la profesora de inglés, eligió para ponerse al cuello un medallón con una princesa, en vez de con Darth Vader, que era lo que le apetecía. "No quiero que se rían de mí, mamá", me contó por la tarde. El siguiente paso será, si su padre y yo no conseguimos convencerla de lo contrario y hacerle entender la importancia del respeto a los demás, que ella, para no desentonar, también se ría del que tenga gustos diferentes a lo socialmente esperado.
Para nosotros es más bien anecdótico, pero no quiero ni imaginar lo que deben sufrir los niños y niñas transexuales, cuyas primeras manifestaciones suelen ser mostrar preferencia por juegos y ropa normalmente asociados al género opuesto al biológico. El 90% de los niños y adolescentes LGTB en España han sufrido acoso escolar, según un estudio de Cogam de 2013.