lunes, 30 de enero de 2017

"Frankestein", por Almudena Grandes.

Tengo el corazón en la izquierda y la cartera en la derecha. Cuando era una adolescente rebelde, peleona, un amigo de mi padre solía decirme estas palabras con el mismo tono que habría empleado para acariciar a un gato. La presidencia de Trump me ha devuelto un chascarrillo que entonces me parecía una ocurrencia estúpida y sin gracia. Hoy, sin embargo, no me atrevería a despacharlo tan deprisa, porque encaja tan bien con el signo de la poshistoria —lo que se supone que hemos empezado a vivir, tras lo que se supone que ha sido la muerte de la Historia—, que bien podría convertirse en un lema planetario. Durante las últimas décadas, para desacreditar a la izquierda a menudo se la ha identificado con el corazón, la utopía insensata, la solidaridad ingenua, el sentimentalismo ridículo. Frente al corazón, la cartera. La derecha alardea con una insistencia feroz, machacona, de la eficacia de sus gestores, de su experiencia como capitanes de la economía, de la sabiduría exacta, despiadada, de quienes son capaces de manejar un bisturí, o unas tijeras, sin que les tiemble la mano. Un empresario millonario, dispuesto a manejar el mundo como a una plantilla de trabajadores sin derechos, a quienes puede contratar o despedir a su antojo, representa la culminación más exitosa de este discurso. Donald Trump se ha levantado y ha echado a andar como la criatura del Doctor Frankenstein, sembrando el pánico entre sus muchos padres, que niegan con la cabeza, cada uno en su idioma, mientras repiten en un susurro, no era esto, no era esto. Pues si ahora no les gusta, que se aguanten. Yo sigo teniendo el corazón a la izquierda, tanto que es capaz de saltarse un océano para sincronizarse con el ritmo al que laten todos los corazones mexicanos.

FICHA 8. PRIMERO DE BACHILLERATO

Ficha 8. Primero de bachillerato.

1.- Ejercicios de la página 95.
2.- Mapa conceptual de las páginas 188, 189, 190, 192 y 193.
3.- Todos los ejercicios de la página 195.

lunes, 23 de enero de 2017

"Ferrocarril subterráneo", por Valeria Luiselli. EL PAIS.

La red clandestina de civiles en el sur de Estados Unidos que, en el siglo XIX, se organizaron para ayudar a los esclavos a escapar de las plantaciones se llamaba El ferrocarril subterráneo. Nunca existió tal tren, pero la jerga ferroviaria se usaba como código secreto para operar la red: los esclavos eran “pasajeros”, por ejemplo, y los refugios eran “estaciones”.
Decidí llevarme la majestuosa novela de Colson Whitehead, El ferrocarril subterráneo, para leer durante el lento viaje que hice en autobús este sábado pasado entre Nueva York y Washington, con otras amigas, para participar en la protesta. Por supuesto, no leí ni media línea (la realidad nos superaba). Pero la novela me acompañó como una especie de amuleto. La cargué por las calles atiborradas de Washington, entre pancartas y consignas, entre cientos de miles de caras hermosas y cuerpos plenamente presentes, entre voces que mandaban un mensaje de compromiso con el futuro.
Cuando terminó la marcha —pies hinchados, alma henchida— tomamos un tren en una estación a espaldas de la Casa Blanca. Mientras nos apretujábamos en un vagón, la voz de una operadora daba las instrucciones de siempre: apresurar el paso, no bloquear puertas, etcétera. Se cerraron puertas y el tren reanudó marcha.
Pero luego, rompiendo protocolos, la operadora volvió al micrófono, y dijo: “Señoras, habla la operadora Beard. Sí, beard —la misma palabra que significa pelo facial masculino—. Pero no se rían. O sí, ríanse, porque es ridículo. Pero ahora escuchen. Les quiero decir: llevo años manejando en estos túneles, y nunca había estado tan orgullosa de mi trabajo. Señoras: hoy hicieron historia. Y estoy muy orgullosa de ser parte de esa historia. Quiero decirles: muchas gracias. Lo demás ya lo saben: compórtense, etcétera”.
Tardamos unos segundos en reaccionar a las palabras de la operadora. Pero, poco a poco, irrumpió el alivio de las risas, las gracias, los gritos, los abrazos, los alaridos alegres.
Vienen años difíciles; años tan largos, negros y hondos como los túneles del metro de Washington. Por los pasillos de la Casa Blanca, solitario y desorientado, habrá un cretino dando gritos. Hay que reírse de él, porque es ridículo. Pero hay que escuchar, también. Porque, justo abajo, estará la operadora Beard, pirata discreta de las contracorrientes, manejando su tren. Y ahí, en esas entrañas oscuras del imperio, van a seguir reverberando los ecos suaves de miles de risas, de voces serenas y potentes. Y la operadora Beard estará iluminando el camino a nuestros ferrocarriles subterráneos.


"La estupidez", por Almudena Grandes.

El matrimonio siempre ha sido mal negocio para las mujeres. Vendidas por sus padres, compradas por sus maridos, su valor todavía equivale, en muchas partes del mundo, al importe de su dote, como si una esposa no valiera nada en sí misma, como si el hombre que la ha escogido tuviera derecho a cobrar por cargar con ella. Más allá de las joyas, los cinturones de oro, las sedas recamadas de los trajes de boda, la recién casada ha sido, tradicionalmente, el mejor negocio para su flamante esposo, una esclava doméstica que trabaja sin descanso, en todos los frentes de la casa, a cambio de su sustento. Esa es también nuestra tradición, y todo lo que hemos conseguido a partir de ahí lo hemos hecho solas, sin ayuda de nadie. Dejar de ser una propiedad de otro para convertirnos en dueñas de nuestro propio destino no ha sido una tarea fácil. Para comprobarlo, basta con repasar la infinidad de chistes, insultos, frases hechas y normas sociales que perpetúan, en el lenguaje y los usos de la vida cotidiana, situaciones que hemos dejado atrás. Un ejemplo frecuente, significativo, es la tendencia a culpar a las mujeres de los defectos de sus maridos. Que cuando un amigo dice, oye, qué raro está Fulanito, ¿no?, el otro conteste, ya, pero no creas, es que su mujer le presiona mucho, o es que su mujer gasta demasiado, o es que su mujer le tiene encerrado, o… Por eso, y porque es igual de injusto, de estúpido, convertir la elegancia de una mujer en una virtud de su marido, me ha irritado tan profundamente la atención que se ha prestado al traje de Melania. Que baste con un color y un par de guantes para comparar a Trump con Kennedy, vía Jackie, es más de lo que estoy dispuesta a soportar. Ahora la estupidez sucede al crimen, escribió Luis Cernuda. Pues eso.

viernes, 13 de enero de 2017

Criterio 8. Tipo test para el criterio 8.


A continuación, el listado de los conceptos que deben ser estudiados para la prueba tipo test del criterio 8.



Unidades y epígrafes.

De la unidad 10

1.- Variedades diatópicas.
2.- Variedades sociales o sociolectos.
3.- Variedades diafásicas.

De la unidad 11

4.- España, un estado plurilingüe.
5.- Lenguas románicas. Concepto.
6.- Bilingüismo individual.
7.- Bilingüismo social.
8.- Diglosia.

De la unidad 12

9.- Rasgos del español hablado en Canarias.

jueves, 12 de enero de 2017

"HUMILLADOS", por Jorge M. Reverte. EL PAIS.


FICHA 7“Humillados”, por Jorge M. Reverte. EL PAÍS.

Tengo que reconocerlo. Lo que seguramente es el comienzo mejor para hacer que las cosas sean de otra manera. Como ha dicho Barack Obama en su despedida, pudimos y podemos. O sea, que sí, que puedo decir con la mayor de las naturalidades, que me siento humillado cada vez que veo una foto en el periódico de inmigrantes pasando frío, o hundidos en el barro, o huyendo de las explosiones. Veo esas fotos e intento no saber más sobre lo que están pasando. Paso entonces las páginas y me meto todo lo que puedo en el gravísimo problema que supone para mí que la Gran Vía esté cortada unas horas al día.

Un día ya no puedo más, y comienzo la lectura pausada del horror que viven aquí mismo cientos de miles de personas, y nosotros, no solo yo, no hacemos realmente nada. ¿Es verdad que España no puede acoger más que unos pocos cientos de refugiados? Yo creo que no es cierto, que si Alemania puede hacerse cargo de cientos de miles, si Grecia está absolutamente inundada de personas que necesitan lo más elemental, creo que si todo eso es posible sin que se hunda la economía europea, en España podríamos acoger a muchos, muchísimos más de los que decimos. Y el problema no es solo, ni fundamentalmente, el Estado. El problema somos nosotros.

Hagamos la prueba: leamos enteras las noticias, las que explican que la gente hace cola para conseguir una sopa a una temperatura ambiente de veinte grados bajo cero. Y entonces, apartamos ligeramente el café humeante que tenemos en la barra del bar, y nos imaginamos que alguno de nuestros hijos está ahí, esperando la sopa.

Yo no digo que nadie se lleve a su casa a una familia siria, pero sí que dedique alguna energía cada día para exigir que el partido al que vota ponga en marcha medidas que sirvan para mejorar la situación de esa gente, o que fuerce a los Gobiernos a que lo hagan.

Son cosas que están al alcance de la mano de cualquiera. No es inimaginable pensar que en España cupieran un millón de personas más de las que hay ahora. No íbamos a convertirnos en pobres de solemnidad por eso. Tampoco pensemos que los inmigrantes van a pagar las pensiones de mañana. Imaginemos que es un acto de solidaridad y ya está. Un acto de solidaridad a cambio de nada. Tan solo con eso tendremos un país mejor, porque nuestros vecinos y nosotros lo seremos.

Un millón de personas más.

Para cambiar la política internacional hace falta más tiempo.



1.- Señala el tema y la tesis.

2.- En el  texto hay dos adjetivos subrayados. Coméntalos desde el punto de vista de su carácter valorativo (explicativo) o no valorativo (especificativo).

3.- Comenta los sustantivos que se encuentran al final del texto, desde “Son cosas que están… “.

4.- Analiza las funciones del lenguaje presentes en el texto.

5.- Comenta los tiempos y las personas verbales del primer párrafo.

6.- Realizaremos el ejercicio 3 en clase de manera oral, pero realiza tú por escrito en tu cuaderno los ejercicios 4 y 5 de la página 81. (ORACIÓN SIMPLE).

7.-  Toda la página 85 (ORACIÓN SIMPLE).

8.- Toda la página 91. (ORACIÓN SIMPLE).

domingo, 8 de enero de 2017

"NOSOTRAS MISMAS", por Luz Sánchez-Mellado.

Lo voy a decir todo seguido porque así es como sucede y quien ha pasado por ello lo sabe. La primera vez que te grita patética o inútil o de dónde coño vienes y luego te llora y te suplica y te viene con que te quiere y te adora y eres la mujer de su vida y vas tú y te ablandas y le perdonas porque él tiene ese pronto terrible pero luego no es nadie y todo va a cambiar y esta va a ser la última, estás perdida. O puedes llegar a estarlo. Es así de claro. Así de triste. Así de crudo. Métetelo en la cabeza. Él no va a cambiar. Si pasas una, puedes llegar a pasar todas. Piensa en ti, piensa en todas. No tienes la vacuna ni el antídoto ni el tratamiento. No eres tan distinta de tantas. No eres tú, es él. No eres la primera ni la última pero puedes ser la siguiente de la lista. Van 40 asesinadas este año. Y todas empezaron pasando la primera.
Seamos realistas. Llevamos lustros sabiendo de lo que hablamos cuando hablamos de violencia machista. Desde que Ana María Orantes pusiera, primero con su desgarrador testimonio televisivo y después con su cuerpo abrasado por el asesino, el elefante encima de las mesas y de las agendas informativas, hay que estar ciega para no ver que todas podemos ser víctimas. Ninguna estamos libres. Han caído y caen ancianas y adolescentes, doctoras y analfabetas, ricas y pobres, españolas y extranjeras. Da lo mismo. El único perfil universal es el del verdugo. Un tipo seductor que primero te enamora y se te hace imprescindible y después te esclaviza, te roba la autoestima, te anula y te aniquila.
Cierto es que son milenios de desigualdad, de machismo estructural, de heteropatriarcado —por usar la palabra de moda— ahí fuera. Cierto que a demasiadas nos ponen los malotes. Que nos han inculcado que el amor duele, que cuesta, que quien bien te quiere te hará llorar, que los celos son prueba de amor, que hay que luchar por las relaciones, que la pareja está hecha de renuncias y sacrificios. Cierto es que nosotras somos las víctimas y no los verdugos. Convengamos, no obstante, en que tenemos cierto margen de maniobra. Que podemos rebelarnos. Decirles que no. Darles puerta. Nunca es pronto. Ni tarde. La culpa no es nuestra, sino suya, vale. Pero demasiadas han dejado la vida. Demasiadas han confirmado la regla. Hagamos pues nuestra parte. No bajemos la guardia. No le pasemos a uno ni una. Ni el amor de tu vida ni el padre de tus hijos ni el marido perfecto de puertas afuera: ninguno merece la pena.

"Heterofobia", por Luz Sánchez Mellado

¿Hay alguién ahí? ¡Socorro, auxilio, ayuda! Sé que abuso de mi poder al usar este púlpito en beneficio propio. Pero, a riesgo de ser llamada a capítulo, oso lanzar este SOS al mundo para denunciar mis condiciones de vida. Soy una mujer —bueno, vale, señora— heterosexual irredenta a quien el colectivo LGTBI no le deja respirar tranquila. Oprimidita viva, me tienen. Las lesbianas me acosan. Los gays me pasan la pluma por los morros. Los transexuales quieren que me hormone —más— a la fuerza. Los bisexuales me dan por ambos lados. Y los interesexuales me acusan de reduccionista. Vamos, que solo les falta llamarme heteraza por la calle, curarme de lo mío aunque sea a hostias y captarme para su secta. Y, claro, así no hay quien viva su heterosexualidad con naturalidad, ni con libertad, ni con libertinaje ni nada.
Menos mal que no estoy sola. Se ha presentado la autodenominada Plataforma por las Libertades, valga el oxímoron, para pedir la derogación de las leyes contra la discriminación por diversidad sexual y de género. Unas normas que incluyen la educación en las distintas orientaciones e identidades sexuales humanas desde la infancia. Algo insoportable para los exdiputados del PP Lourdes Méndez y Jaime Mayor Oreja, y para el rector de la Universidad Católica de Murcia, integrantes, entre otros, de tan tolerante lobby. Que la defensa de las personas LGTBI conculca la libertad del resto, braman. Que cada familia educa a sus niños en sus propios valores, pían. Que dónde se ha visto tamaña injerencia, se hacen cruces. O sea, lo de siempre. Para mí que no son las leyes, sino el apoyo a las mismas de su exPP de su alma, lo que les tiene locos, loquitos, locos. Había que verles presentando su cruzada al orbe con el gesto beatífico de quien está en posesión de la verdad absoluta. Lástima que el sufrimiento de según qué prójimo les sea ajeno. Darían risa si no dieran náuseas.

EJEMPLO DE COMENTARIO YA REALIZADO A PARTIR DE LA COLUMNA "MILLONES" DE ALMUDENA GRANDES.


Albert Rivera es partidario de abrir un debate sobre la legalización de la prostitución. Me parece muy bien, yo también soy partidaria de ese debate. No tengo una posición definitiva al respecto, aunque soy muy consciente de que el término prostitución, en países como el nuestro, es en gran medida sinónimo de esclavitud. La libertad con la que se mueven las mafias que esclavizan a mujeres, la naturalidad con la que nos hemos acostumbrado a ver haciendo la calle a extranjeras que no hablan nuestro idioma, los tenebrosos neones de colores que alumbran nuestras carreteras, son la estampa contemporánea de la España negra. Este escándalo perpetuo afecta a temas muy graves y delicados al mismo tiempo. Los derechos humanos, la libertad personal, la salud pública, la política de extranjería, el concepto de orden público, la moral individual y la ética colectiva son algunos de ellos. Más desgarradoras resultan las historias personales, el caudal infinito de sufrimiento de muchas mujeres, rehenes de su propio amor por sus hijos, por sus familias, que las ha encerrado en una trampa cruel y sin salidas. Cualquier proceso de legalización de la prostitución tiene que tener en cuenta su experiencia, sin ignorar los criterios de otras mujeres que han decidido ejercer libremente su oficio. Es un tema muy conflictivo, pero si hay algo que nunca tendría que haber aflorado en el debate es su impacto económico. El líder de Ciudadanos ha justificado su propuesta argumentando que el Estado recaudará 6.000 millones de euros más cuando la prostitución pague impuestos. Si la nueva política consiste en cuantificar económicamente la humillación, la esclavitud y la explotación de seres humanos, me quedo con la antigua, gracias. 


1.- Tipología textual y subgénero periodístico.



Almudena Grandes  expresa, en "Millones", su opinión en esta columna del periódico El País sobre la posible legalización de la prostitución. Por lo tanto, nos encontramos ante una tipología textual expositiva-argumentativa.



Este texto argumentativo-expositivo aparece firmado por Almudena Grandes, columnista de El País.



2.- Elementos de la comunicación.





Respecto a los elementos de la comunicación, el emisor, en este caso, es la escritora española autora de novelas tan importantes como por ejemplo Los besos en el pan. El receptor coincide con los lectores del periódico, que presenta una ideología de centro-izquierda. Respecto al código, debemos señalar que es la lengua española en un registro estándar, con determinados rasgos coloquiales ("haciendo la calle"). El canal es el medio impreso.



3.- Funciones del lenguaje.



Relacionado con todo lo anterior, en la columna aparecen varios rasgos que determinan la presencia de las funciones del lenguaje. En primer lugar, destacamos la presencia de la función expresiva, aquella con la que el emisor se manifiesta ("Me parece muy bien...", "...aunque soy muy consciente..."). La función apelativa es propia de la argumentación, puesto que necesita del receptor para ejercer sobre él la intención de modificar su forma de pensar ("...con que nos hemos acostumbrado...", "...me quedo con la antigua, gracias."). Por otro lado, la argumentación hace un uso especial del lenguaje, es decir, hace uso de la función poética ( con las metáforas siguientes: "...son la estampa contemporánea...", "...caudal infinito..."). Al tratar toda argumentación de un tema, es obvia y necesaria la presencia de la función referencial (" ... que el Estado recaudará 6000 millones...").



4.- Tema, tesis y resumen.



El tema que aborda Grandes es la posible legalización de la prostitución bajo la propuesta de Rivera. Grandes opina que es necesario ese debate siempre y cuando no se hable de cifras sino que se aborde la cuestión de una manera más humana.



Desde que Albert Rivera propuso la legalización de la...



5.- Tipo de estructura y partes del texto.



Nos encontramos ante una estructura inductiva puesto que la tesis se ofrece de una manera más clara al final de la columna ("Si la nueva política consiste en cuantificar económicamente... "). 



Podemos estructurar el texto en cuatro. La primera abarcaría desde la primera línea hasta donde dice "...sinónimo de esclavitud". En ella, Grandes nos introduce en la temática abordada. La segunda va desde "..." hasta "...".



6.-  Plano léxico-semántico.



En "Millones" encontramos antónimos como "esclavitud" y "libertad" o como " moral individual " y "ética colectiva "; sinónimos como "prostitución" y "explotación" y " humillación"; hiperónimos como "temas muy graves" y sus hipónimos " los derechos humanos", "libertad personal", etc. Además, señalamos el campo léxico referido la prostitución ("esclavitud", "haciendo la calle"...). La presencia de estos elementos configuran la coherencia y la cohesión textuales.



7.- Plano morfosintáctico.



Respecto a los adjetivos, la presencia de los explicativos ("tenebrosos neones", "España negra", "temas muy graves") sirven para poder expresar mejor la subjetividad de la autora (función expresiva); sin embargo, los adjetivos especificativos ("la salud pública" , " la moral individual") aportan objetividad (función referencial).



Como sustantivos más destacados, subrayamos los siguientes: "legalización", "sufrimiento", "libertad", "naturalidad", etc. Estos son calificados como abstractos y su función en el texto es la de establecer qué ideas giran en torno al tema abordado. Por otro lado, encontramos sustantivos concretos ("carreteras", "neones"), destacables puesto que tratan el tema desde el punto de vista más realista.



El tiempo verbal más usado es el presente, del que encontramos abundantes ejemplos ("es", "tengo", "se mueven", "soy"), debido a que la autora plantea una cuestión desde el punto de vista actual. Por otro lado, Almudena Grandes requiere el pretérito perfecto compuesto ("ha encerrado") para hacer mención de un pasado que tiene repercusiones en el presente, en este caso, la situación de algunas mujeres que se han visto obligadas a la prostitución. El uso de distintos tiempos verbales produce la obligada cohesión textual.



Otro aspecto que analizamos son las personas verbales. En este texto, encontramos el uso de la primera persona del singular, cuando Grandes habla de sí misma. La tercera persona del singular, cuando Grandes habla de las distintas realidades que aborda para su tesis y la primera persona del plural ("nos hemos acostumbrado") cuando la autora incluye a los lectores en su reflexión.



8.- Plano textual.



Para la coherencia y para la cohesión, son importantes los marcadores textuales. En "Millones" encontramos el contrastivo "pero", el concesivo "aunque", entre otros.



9.- Opinión personal.