miércoles, 10 de enero de 2018

Análisis de un programa...




Elegir DOS de estos programas de Televisión:

1) Likes.
2) Caos F.C.
3) Página 2
4) Para todos la 2. (Solo en la página web de TVE).
5) Pesadilla en la cocina (versión española).
6) Días de Cine.
7) First Dates.
8) El hormiguero.
9) Hora punta.
10) El intermedio.


Elegir UNO de estos programas de Radio:

1) A vivir que son dos días. (Cadena Ser).
2) Hoy por hoy (Cadena ser).
3) El larguero. (Cadena ser).
4) El transistor. (Onda cero).
5) No son horas. (Onda cero).
6) Julia en la onda. (Onda cero).
7) Esto me suena (RNE, o sea, Radio Nacional de España).
8) Las mañanas de RNE.
9) No es un día cualquiera (RNE).
10) La ventana (Cadena SER).


DATOS QUE DEBEN FIGURAR EN EL TRABAJO:

A) Día de emisión del programa analizado.
B) Nombre del presentador y colaboradores.
C) Nombre de los invitados.
D) Nombre de las secciones y temática o resúmenes de cada una de ellas.
E) Temas tratados (Por secciones).
F) Tipo de música usada (clásica, pop, rock...).
G) Opinión personal.


El trabajo se presentará a mano todo él, incluso la portada.

8


“Huye”, por Luz Sánchez-Mellado. FICHA 8. PRIMERO DE BACHILLERATO

Es el más guapo y el más borde y el más chulo, o a ti te lo parece. Pero, no sé, te resulta irresistible. Te provoca, te pone, te descoloca: lo mismo te dan ganas de mandarlo a la mierda que de comerle el cuello si lo tienes cerca. Un día va y se fija en ti y no das crédito a tu suerte, o a tu condena. Al principio te haces la dura, la interesante, la inaccesible, no vaya a pensar que te tiene en el bote sin currárselo un poco, pero él se aplica, se engalla, pica debidamente piedra. Te persigue, te corteja, te conquista. Te enamoras hasta las trancas, o crees estarlo. Te enganchas a su olor, a su piel, a su voz, a su sexo, te vuelve tarumba, aceptas sus reglas. Entonces, estás perdida. Los tuyos no comprenden que no veas que te chulea. No le entienden. Tú, sí. Tú le conoces. Sabes que después de montarte la gresca porque has mirado, o te has reído o has hablado con otro, te llora, te suplica, te dice que sin ti no es nadie y que si le dejas se suicida. También sabes que se enfada si no le contestas al microsegundo, pero que, a la mínima, te castiga con horas, días, semanas de silencio hasta que te aburres, le echas de menos, se te olvida por qué empezó la bronca, te echas la culpa, te entran desesperadas ganas del hombre del que te enamoraste, le buscas, le encuentras y empieza de nuevo la rueda. Te prometiste no volver a caer, pero caes. Una vez y otra y otra. Sabes que no debes, conoces cada estación del calvario que te espera, pero no puedes hacer otra cosa. Intuyes que solo se quiere a sí mismo, que le interesas lo justo para cubrir sus carencias, que tiene infinita pena de su culo. Sabes que te anula, te roba la confianza, el amor propio, la alegría de estar viva. Sabes que puede robarte la vida. Siempre es así, no eres la primera ni la última ni la rara ni la única. No le vas a cambiar. Huye. Quien te ama no te esclaviza. Sal antes de oír la primera vez que eres patética, patosa, una puta inútil. Corre. Déjalo. Ya. Ahora.

Páginas: 81, 85, 91., 93.

sábado, 6 de enero de 2018

COLUMNAS


“Huye”, por Luz Sánchez-Mellado.

Es el más guapo y el más borde y el más chulo, o a ti te lo parece. Pero, no sé, te resulta irresistible. Te provoca, te pone, te descoloca: lo mismo te dan ganas de mandarlo a la mierda que de comerle el cuello si lo tienes cerca. Un día va y se fija en ti y no das crédito a tu suerte, o a tu condena. Al principio te haces la dura, la interesante, la inaccesible, no vaya a pensar que te tiene en el bote sin currárselo un poco, pero él se aplica, se engalla, pica debidamente piedra. Te persigue, te corteja, te conquista. Te enamoras hasta las trancas, o crees estarlo. Te enganchas a su olor, a su piel, a su voz, a su sexo, te vuelve tarumba, aceptas sus reglas. Entonces, estás perdida. Los tuyos no comprenden que no veas que te chulea. No le entienden. Tú, sí. Tú le conoces. Sabes que después de montarte la gresca porque has mirado, o te has reído o has hablado con otro, te llora, te suplica, te dice que sin ti no es nadie y que si le dejas se suicida. También sabes que se enfada si no le contestas al microsegundo, pero que, a la mínima, te castiga con horas, días, semanas de silencio hasta que te aburres, le echas de menos, se te olvida por qué empezó la bronca, te echas la culpa, te entran desesperadas ganas del hombre del que te enamoraste, le buscas, le encuentras y empieza de nuevo la rueda. Te prometiste no volver a caer, pero caes. Una vez y otra y otra. Sabes que no debes, conoces cada estación del calvario que te espera, pero no puedes hacer otra cosa. Intuyes que solo se quiere a sí mismo, que le interesas lo justo para cubrir sus carencias, que tiene infinita pena de su culo. Sabes que te anula, te roba la confianza, el amor propio, la alegría de estar viva. Sabes que puede robarte la vida. Siempre es así, no eres la primera ni la última ni la rara ni la única. No le vas a cambiar. Huye. Quien te ama no te esclaviza. Sal antes de oír la primera vez que eres patética, patosa, una puta inútil. Corre. Déjalo. Ya. Ahora.

“Micromachismos”, por Gloria Lomana

La revolución de las mujeres ha venido para quedarse, ni un paso atrás, y en 2017 se han dado zancadas con la campaña de denuncias contra los abusos sexuales. El movimiento se recordará como uno de los grandes hitos en este laborioso camino de conquistas por el respeto y la equidad entre sexos, como hicieron historia las sufragistas en Estados Unidos y Gran Bretaña, la igualdad salarial en Suecia, “el segundo sexo” de Beauvoir, la segunda ola de Kate Millett o la tercera de Rebecca Walker. En 2017, las mujeres se conectaron con un solo grito, “me too”, para denunciar lo que hasta entonces habían sido silentes acosos sexuales (no confundir con consentidos). Las denuncias saltaron de la pancarta callejera al altavoz de los escenarios, y prendieron como una chispa sobre un reguero de pólvora, rápida y luminosa. Por fin se hizo real el ansiado “stop al silencio” y la liberación de fantasmagóricas culpas. A partir de ahora ya nada será igual porque el acoso ha dejado de ser un marchamo social para ellos. Se acabaron los acosadores tabernarios a voces.

Por el camino de esta cruenta lucha se van quedando víctimas anónimas de violencia machista, 48 el último año en España, por osar decirles a los pretendidos patriarcas “basta”. Esto nos obliga a abrir 2018 en pie, sin olvidar que la vida cotidiana sigue cubierta de estereotipos y actos “micromachistas”. ¿Micro, si son machistas? No será que la nueva expresión pretende definir con benevolencia la cotidianeidad del trato a las mujeres como seres subsidiarios, talladas desde niñas como figuritas de porcelana para el disfrute de los hombres.

Para entenderlo bien pongámonos las gafas de ver de una “niña normal y corriente”. ¿Qué ha visto en un “día normal y corriente”, por ejemplo en esta Navidad? Veamos. La publicidad le habrá bombardeado o bien con muñecas lloronas y meonas necesitadas de cuidados, o con esbeltas barbies ataviadas con refulgentes trajes y rubias melenas para peinar; junto a carritos bebé, escobas o cocinas. Para la hermana mayor habrá reparado en la oferta de perfumes capaces de extasiar a los hombres; y para mamá mágicos detergentes, con portentoso poder de reluz y blancura. En las películas, se habrá topado con vigorosos héroes. En las noticias, habrá normalizado a presentadoras embutidas en sugerentes vestidos, presentadores que conducen la política, hombres que prescriben sobre ciencia o economía, icónicos futbolistas y relatos donde la mujer es protagonista porque ha sido asesinada por su pareja o por un depredador sexual. En los programas festivos habrá observado que las chicas lucen más carne que ropa, y que de esta guisa son capaces de entonar las campanadas engullendo las uvas a 0 grados. Lo normal es que papá se haya ofrecido a “ayudar” a mama poniendo alguna que otra mesa. Por el salón habrán circulado magazines que proponían a las reinas de la casa soluciones exprés de rejuvenecimiento, cremas anticelulíticas, melenas de seda, moda encajada como guantes en lánguidas jovencitas, reportajes de maduras pasadas por el Photoshop, recetas de cocina y trucos para reforzar las armas de mujer. En el restaurante le ofrecerían la carta de vinos a papá y, por supuesto, la cuenta. Ahí la hermana mayor fue la señorita y mamá la señora, ante la certidumbre de que mamá posee marido y prole y que la crema facial efecto flash no hizo milagros. Por el centro comercial habrá visto a alguna chica en semicueros ofreciendo globos, en la joyería a muchachas guapas con el imperativo laboral de llevar los labios pintados de rojo, y en la sección droguería a vendedoras mayores con los labios a su aire.